Ser y Pertenecer

Vivir lento y morir viejo

La pequeña distancia genética del 1,5 % del ADN entre el hombre y el chimpancé genera grandes diferencias en las características morfológicas de ambos, dadas por un crecimiento y un desarrollo diferentes.

Para perpetuarse en el tiempo, cada especie tiene su propia historia de vida. Sus distintas etapas se caracterizan por cambios madurativos. Al final de la lactancia el chimpancé ya tiene su primer diente, mientras que en el hombre aparece el primer diente definitivo hacia los 6 años.

Durante la infancia el cráneo de ambas especies es redondeado y el neurocráneo (parte del cráneo que protege al encéfalo) es grande respecto de la cara. Luego, en el hombre el neurocráneo crece más que en el chimpancé, y en éste crece más la cara.

Un largo período de crecimiento, como sucede en el hombre, extiende el tiempo de maduración neurológica y por lo tanto es más longevo que el chimpancé.

Chimpance hombre

 

 

 

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